¿Qué es la verdad?
Querido lector: te doy la bienvenida a este espacio donde, buscamos respuestas reales, profundas, que nos lleven a vivir el amor de forma auténtica. Porque el amor verdadero no se improvisa: nace y crece sobre un terreno firme. Y ese terreno es la verdad.
La verdad no es una opinión
Vivimos en un
mundo donde muchas veces escuchamos frases como: “esa es tu verdad”, “cada
quien tiene su verdad”… y aunque parten de una intención de respeto, corremos
el riesgo de confundir la verdad con la opinión o la percepción subjetiva.
La verdad, en su
sentido más profundo, no es lo que yo creo, siento o percibo, sino lo
que es.
Santo Tomás de
Aquino la define así: “La verdad es la adecuación de la inteligencia a la
realidad”.
Es decir: cuando lo que pienso o digo coincide con la realidad de las cosas, entonces estoy en la verdad.
Un ejemplo para comprenderlo
Imagina que dos
personas están viendo la misma servilleta de papel, pero desde lados opuestos.
Una dice que es blanca; la otra insiste en que es azul. Ambas están convencidas
de lo que ven… sin embargo, discuten. ¿Quién tiene la razón?
En realidad, la
servilleta es blanca por un lado y azul por el otro. Ambas personas
perciben una parte de la realidad, pero ninguna tiene toda la verdad. No
porque la verdad sea relativa, sino porque la están viendo de forma parcial.
La verdad es
lo que es, aunque no la veamos del todo o la entendamos con claridad.
Nuestra opinión no la crea. La verdad no cambia según la perspectiva, lo que
cambia es nuestro acceso a ella.
Esta es una
enseñanza clásica del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, quien
definía la verdad como “la adecuación del entendimiento a la realidad”.
Es decir, cuando mi mente dice lo mismo que es la cosa en sí, entonces
hay verdad.
La verdad nos hace libres
¿Por qué esto es
importante para el amor? Porque si no conozco la verdad sobre mí, sobre el
otro, sobre el amor mismo, entonces amaré mal. Tomaré decisiones basadas en
ilusiones, heridas o expectativas falsas.
Jesús lo dijo
claramente:
“La verdad los
hará libres” (Juan 8, 32).
La libertad no
es hacer lo que me da la gana. Es tener la capacidad de elegir el bien con
inteligencia y voluntad. Y solo puedo elegir bien si sé lo que es verdadero.
Haz una breve pausa y reflexiona:
¿Qué verdades estoy ignorando sobre mí? ¿Sobre mi pareja, hermano(a), padre, madre, etc.? ¿Sobre lo que el amor
exige?
La verdad es una base firme
El amor
verdadero no se construye sobre emociones cambiantes, sino sobre la verdad del
ser humano: su dignidad, su valor, su capacidad de entregarse.
Amar en la
verdad significa:
·
Conocer al otro
tal como es, no como lo idealizo.
·
Reconocer sus
límites y virtudes.
· Aceptar que amar no es sentir bonito, sino querer el bien del otro según la verdad de su ser(1), tal como ha sido creado y llamado a amar.
La verdad no es
una carga, sino una luz. No es una rigidez, sino un acto de humildad ante el
misterio del ser. Y solo quien camina en la verdad puede aprender a amar con un
corazón libre, generoso y fiel.
Gracias por
seguir esta reflexión. Si te ha sido útil, compártela. Y prepárate, porque en
la próxima entrada hablaremos de un pilar inseparable de la verdad: el bien.
¿Qué significa, en el fondo, querer verdaderamente el bien del otro?
(1) (La verdad de su ser: Me refiero a la realidad objetiva de la persona, a su dignidad como imagen de Dios, a su identidad como hombre o mujer, a su vocación al amor y a su capacidad de darse a sí mismo en libertad.) Esta verdad no depende de cómo la persona se perciba en un momento dado, ni de las etiquetas que la sociedad le imponga, sino que se basa en quién es realmente, tal como fue creado por Dios.)
-Fer

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