¿Cual es mi identidad? - Volver a ser quien soy
Hay algo que he ido entendiendo poco a poco, y no de golpe,
sino a golpes.
Durante mucho tiempo pensé que amar bien era aprender a llevar una relación, a evitar conflictos, a hacer las cosas “correctas”.
Pero
con el tiempo me di cuenta de algo más incómodo:
No se puede amar bien cuando no sabes quién eres.
No hablo de gustos, ni de personalidad, ni de lo que
me sale bien.
Creo que muchas relaciones empiezan así.
Miedo de que, si el otro ve todo lo que somos, deje de
amarnos.
Yo también empecé así.
Y, siendo honesto, en el fondo había miedo.
En mi caso, no hubo un momento mágico donde decidí ser
completamente transparente.
Fue un camino.
En medio de ese proceso, hubo una pregunta que empezó a
tomar más fuerza:
¿Quién soy realmente?
Y poco a poco la respuesta dejó de venir de mí.
Soy hijo amado de Dios.
Y esto, que suena sencillo, lo cambia todo.
Cuando empiezas a entender —aunque sea un poco— que eres
amado así, sin condiciones, algo se acomoda dentro de ti.
Empiezas, poco a poco, a poder ser tú.
Y desde ahí, el amor cambia.
Esto no es algo que ya logré.
Es algo que sigo pidiendo.
Muchas veces, de manera muy concreta:
“Señor, ayúdame a ser quien Tú pensaste cuando me
creaste.”
Hoy entiendo que el “nosotros” no se construye
escondiéndonos.
Se construye cuando dos personas, con todo lo que son,
deciden caminar juntas en la verdad.
Y desde ahí, pueden amar.
-Fer
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