¿Cual es mi identidad? - Volver a ser quien soy


Hay algo que he ido entendiendo poco a poco, y no de golpe, sino a golpes.

Durante mucho tiempo pensé que amar bien era aprender a llevar una relación, a evitar conflictos, a hacer las cosas “correctas”. 

Pero con el tiempo me di cuenta de algo más incómodo:

No se puede amar bien cuando no sabes quién eres.

No hablo de gustos, ni de personalidad, ni de lo que me sale bien.

Hablo de algo más íntimo y profundo:
¿De quién soy cuando ya no estoy intentando impresionar a nadie?

 El miedo a mostrarse

Creo que muchas relaciones empiezan así.

Con cierta reserva.
Con partes de nosotros que no mostramos.
No porque queramos engañar, sino porque tenemos miedo.

Miedo de que, si el otro ve todo lo que somos, deje de amarnos.

Yo también empecé así.

No fui falso, pero tampoco fui completamente yo.
Había cosas que guardaba, cosas que no decía, partes que prefería ir revelando poco a poco.

Y, siendo honesto, en el fondo había miedo.

 El camino: ir saliendo poco a poco

En mi caso, no hubo un momento mágico donde decidí ser completamente transparente.

Fue un camino.

Conforme crecía la confianza, la amistad, el amor… fui dejando salir más de mí.

No siempre fue fácil.
A veces implicaba mostrar debilidades, inseguridades, cosas que no me gustaban de mí mismo.

Pero también entendí algo:
No puedes construir un “nosotros” real si el “yo” está escondido.

 La pregunta que lo cambia todo

En medio de ese proceso, hubo una pregunta que empezó a tomar más fuerza:

¿Quién soy realmente?

Y poco a poco la respuesta dejó de venir de mí.

No soy lo que logro.
No soy lo que otros piensan.
No soy lo que aparento.

Soy hijo amado de Dios.

Y esto, que suena sencillo, lo cambia todo.

Porque si esto es verdad, como lo es, entonces mi valor no está en juego.
No tengo que ganármelo.
No tengo que probarlo.
No tengo que esconderme para no perderlo.

 Desde ahí empieza el amor verdadero

Cuando empiezas a entender —aunque sea un poco— que eres amado así, sin condiciones, algo se acomoda dentro de ti.

Ya no necesitas usar al otro para sentirte suficiente.
Ya no necesitas esconder partes de ti por miedo.

Empiezas, poco a poco, a poder ser tú.

No perfecto.
No terminado.
Pero sí, verdadero.

Y desde ahí, el amor cambia.

Porque ya no amas desde el miedo.
Amas desde lo que eres.

 Lo que sigo pidiendo

Esto no es algo que ya logré.

Es algo que sigo pidiendo.

Muchas veces, de manera muy concreta:

“Señor, ayúdame a ser quien Tú pensaste cuando me creaste.”

Ser yo ante Él.
Ser yo ante mi esposa.
Ser yo ante mis hijos.
Ser yo ante los demás.

Sin máscaras.
Sin necesidad de aparentar.
Sin miedo a no ser suficiente.

 Construir el nosotros

Hoy entiendo que el “nosotros” no se construye escondiéndonos.

Se construye cuando dos personas, con todo lo que son, deciden caminar juntas en la verdad.

No porque ya estén completas.
Sino porque saben desde dónde están siendo amadas.

Y desde ahí, pueden amar.


-Fer

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